Los legisladores porteños Sandra Rey, Edgardo Alifrado (MID) y Jorge Reta (La Libertad Avanza) presentaron un proyecto de Declración para que la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires exprese a su beneplácito por el 65° Aniversario del alfajor “Jorgito”, emblema gastronómico del barrio de Boedo, que también forjó su historia en Parque Patricios y Caballito.
La fundamentación resalta que este es “un producto a la vez clásico y popular fabricado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”.
El comienzo de esta historia se desarrolla en la zona de Caballito. Según el texto parlamentario en 1960 Amador Saavedra compró una panadería en la calle Doblas, donde comenzó a elaborar alfajores “que pronto se convirtieron en los favoritos de los clientes”.
“De esta manera, dejó de lado la producción de panificados y apostó todo a las dos galletitas unidas por dulce de leche bañadas en chocolate negro y merengue italiano. Para impulsar el crecimiento del negocio, se asoció con José Fernández, un joven de treinta años que se dedicaba a la distribución de golosinas y productos alimenticios. Juntos dieron origen a una golosina que se convirtió en un símbolo popular: los alfajores Jorgito”, repasa el texto firmado por los tres legisladores.
“Enseguida, después que se asociaron, se mudaron a Virrey Liniers 2020, en Parque Patricios, y montaron la fábrica de alfajores Jorgito. Desde ese momento ambos se convirtieron en amigos inseparables y sus hijos se criaron como primos, lo que es muestra de una historia que, como muchas otras, representa la relación entre el desarrollo de negocios exitosos y los vínculos familiares”, se agrega.
“Uno de los secretos del éxito de los alfajores Jorgito es que son elaborados de forma artesanal de algunas de sus variantes, como en el caso del merengue italiano hecho a mano. Además, toda la materia prima es nacional, con excepción del cacao que no se fabrica en el país. Al principio solo se fabricaban alfajores blanco y negro con una elaboración muy artesanal. Los alfajores se envolvían en paquetitos de forma manual; cuando vieron que el negocio crecía, decidieron comprar las máquinas. Nunca se supo a qué obedece el nombre de la marca y el característico niño con jopo en el símbolo de la empresa, puesto que cuando Amador compró la panadería, la marca de alfajores Jorgito ya estaba y el dibujo del niño también”, repara el homenaje a la empresa conocida en todo el país.
“Con el tiempo lo fueron adaptando un poco. Probablemente es que haya sido el hijo del dueño de la panadería, pero el origen del nombre y el logo característico sigue siendo una incógnita. En los inicios, el público al que apuntó la empresa fueron los niños, primero a los colegios y después a los mayoristas de golosinas, autoservicios y las cadenas de hipermercados. Y en materia de publicidad se orientó a los deportes, especialmente en fútbol y automovilismo. Actualmente la empresa está a cargo de la segunda generación de la familia Saavedra y Fernández. En la empresa, que comenzó con unos pocos de empleados, actualmente emplea a alrededor de doscientos cincuenta personas que producen entre quinientos y seiscientos mil alfajores por día. Aunque venden sus productos en todo el país, el director asegura que su “fuerte” es capital y Gran Buenos Aires, donde venden el setenta y cinco por ciento de su producción. Confiesan que su mejor época fueron los años noventa”, reconstruyeron para este reconocimiento parlamentario.
“En 1994 se trasladaron a Boedo, a un espacio más amplio ubicado en la calle Treinta y Tres Orientales, y lanzaron el maxialfajor y los conitos. Posteriormente, surgieron otras variantes, como los alfajores triples y las bandejitas de alfajores mini, así como también las galletitas, pero los productos estrella son el reconocido alfajor Jorgito negro y Jorgito blanco. Los Alfajores Jorgito son un emblema de la cultura popular de la Ciudad de Buenos Aires y alrededores y, por lo tanto, merece un reconocimiento por parte de esta Legislatura”, finaliza el texto de Rey, Alifraco y Reta.
