El trompetista Robert “Fats” Fernández, uno de los grandes referentes del jazz argentino y una figura clave de la cultura de la Ciudad de Buenos Aires, murió este miércoles a los 88 años. Nacido y criado en el barrio de La Boca, su vida y su música estuvieron profundamente ligadas al pulso urbano porteño, al punto de ser reconocido por colegas y oyentes como una voz inconfundible de la ciudad. Desde 1996 era Ciudadano Ilustre de La Boca.
Fernández comenzó a tocar la trompeta a los seis años, en la banda de exploradores del Colegio Don Bosco, a pocas cuadras de su casa. A los 14 ya trabajaba como músico profesional y nunca abandonó el instrumento. Ese recorrido lo llevó a integrar el quinteto de Gato Barbieri, a convertirse en una pieza fundamental de la Georgians Jazz Band y a compartir escenarios con figuras internacionales como Ray Charles, Dizzy Gillespie, Chick Corea, Paquito de Rivera, Arturo Sandoval y los hermanos Marsalis.
Su sonido poderoso y personal le valió reconocimientos que trascendieron fronteras. Dizzy Gillespie lo apodó “Golden Sound”, Freddie Hubbard lo llamó “Mr. Chops” y Astor Piazzolla lo definió como “el Troilo de la trompeta”, una comparación que sintetizó su fraseo, su lirismo y su identidad profundamente porteña.
Lejos de los encasillamientos, Fats Fernández construyó una obra donde convivieron el jazz, el tango y la música popular argentina. Defendía una idea de la música abierta y urbana, atravesada por la experiencia cotidiana de Buenos Aires. “Yo soy un músico de esta ciudad”, decía, convencido de que el jazz podía dialogar naturalmente con las tradiciones locales sin perder libertad ni autenticidad.
Además de su extensa trayectoria artística, fue un docente comprometido y una referencia formativa para generaciones de trompetistas. Estudiaba y tocaba a diario, y sostenía que la técnica solo tenía sentido si estaba al servicio de la emoción. “Si la música no se toca con el corazón, no es música”, repetía.
Desde fines de los años ochenta grabó gran parte de su obra en el sello Melopea, convocado por Litto Nebbia, y participó en proyectos de cine, televisión y música popular, siempre sin prejuicios ni jerarquías. Vecino orgulloso de La Boca, solía resumir su pertenencia con una frase simple y contundente: “Esto me tira”.
La muerte de Robert “Fats” Fernández deja un vacío profundo en el jazz argentino y en la vida cultural porteña. Su legado permanece como testimonio de una manera de hacer música atravesada por la identidad, el compromiso y una relación íntima con la ciudad que lo formó y lo acompañó hasta el final.


