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La peor cita de su vida, su adicción a la velocidad y por qué le “da cringe” disfrazarse en el sexo: Florencia Peña auténtica

La peor cita de su vida, su adicción a la velocidad y por qué le “da cringe” disfrazarse en el sexo: Florencia Peña auténtica

Allí, en su sitio: sobre el escenario. Tanto en el drama como en la comedia. Y también en la antesala, durante un reportaje. Hasta con un posteo en sus redes sociales. Florencia Peña siempre es Florencia Peña. En tiempos de imposturas, elige mostrarse tal cual es. Como en esta entrevista: orgullosa al hablar de sus hijos, pícara al referirse al sexo, cómplice al entrar en un terreno confesional, frontal al reparar en el Gobierno, la política y la crisis social. Y en todo caso, asumiendo las consecuencias de sus dichos. Pero no a cualquier precio. Por caso, dirá: “No quiero que me utilicen para distraer. Ya me utilizaron un montón”.

El imponente musical Mamma Mia!, que el 9 de mayo estrenará en el Coliseo, motiva el encuentro con Infobae. Antes de su desembarco en la Calle Corrientes, lo presentó en Carlos Paz. “Rompimos con un paradigma porque estas obras tan grandes jamás se estrenan fuera de Buenos Aires –destaca sobre el show, que cuenta con 30 artistas en escena–. Las entradas de teatro están baratas, respecto a cómo deberían estar. Hay precios muy accesibles para que la gente salga de su casa y conecte un poco con la alegría”.

De inmediato, casi a modo de preámbulo, Florencia exhibe su personalidad:

—La obra es una fiesta –dice.

—Y estamos muy necesitados…

—¡De fiesta! Te lo digo yo, que soy fiestera (risas).

Pese al inminente debut, la actriz no para: tiene en carpeta nada menos que la adaptación de Mujer bonita, el filme emblemático de los 90. “Fui a Madrid a verla. Sí, hay posibilidades de hacerla –confía–. Con mis amigos siempre jugamos a quién sería yo en Estados Unidos, ponele; y aunque algunos dicen JLo, siempre sentí que podía ser Julia Roberts. No por la altura, porque yo soy chiquita. ‘Ay, pensé que eras grandota’, me dicen. Siempre me imaginé Julia Roberts por la carrera, porque soy una comediante. Esos personajes, del estilo de La niñera, de Charity, tienen esa cosa de la inocencia, de la brutez, que me fascina”.

—Y si podés elegir, ¿quién sería tu Richard Gere acá?

—Tenemos un par de nombres. No, no quiero decirte uno.

—¡Ah! Está re avanzado el proyecto entonces…

—No, ¡callate! (risas). Tiene que ser un muchacho encantador y que genere cosillas. La pareja bomba de Richard Gere con Julia Roberts fue eso: una química que había entre los dos. Los querías juntos, que todo el tiempo pasaran cosas. Y eso tiene que pasar también en la obra.

Florencia Peña en Mamma Mia (Crédito: @flor_de_p)

—Te quiero preguntar por la maternidad. A tus hijos, Toto, Juan y Felipe, ¿en qué momento los has avergonzado?

—Siempre los avergüenzo (risas). Mirá, Toto juega muy bien al fútbol. Podría haber sido profesional, pero en un momento decidió que no: “Yo quiero vivir”. Jugaba en el club Estrella de Maldonado con el hijo de (Fernando) Redondo, que ahora está triunfando (por Federico Redondo, compañero de Messi en Inter de Miami). Y yo iba todos los domingos a verlo a Toto. Tendría nueve, diez años. Un día me llama: “Los papás subieron un video a YouTube”, me dice. “Y mirá dónde estás vos…”. Y yo estaba agarrada del alambrado, como si fuera una especie de arañita pollito, gritándole: “¡Toto, soy tu fan!”, pero a niveles que me di vergüenza yo misma, imaginate… Y me dijo: “Te voy a pedir por favor que no vengas más”. Me prohibió la entrada durante un año y medio. No me dejó ir.

—Hace poco te fue a ver Celia, la mamá de Messi.

—¡Sí! La amo.

—Ahora, te das cuenta de que si lo hubieras vendido a Toto…

—No, colegas. ¡Colegas! (Risas). Toto siempre me hace reír porque le digo: “Yo aposté un pleno a que vos me ibas a mantener, pero tengo que seguir laburando. Ya van 43 años…”. Ahora está con el emprendimiento: es chef. ¡No entendés lo que hace! Se especializó en lo dulce. No es porque yo sea su mamá, porque soy muy crítica de él, pero es lo más rico que he probado. ¡Cocina riquísimo! Después, Juan no se avergüenza de nada. Y si algo de mí lo avergüenza, graba un video y me lo manda o lo sube a las redes. Somos una familia que nos reímos mucho de nosotros.

—¿Fue terapéutico para vos poder reírte de vos misma?

—Es.

—En momentos difíciles, ¿apelaste a eso?

—Si. Difíciles, muy difíciles… Pero así es toda la familia. Así es Ramiro (Ponce de León, su esposo). Así es mi exmarido (Mariano Otero): es el día de hoy que me deja mensajes gastándome por cosas. Y estoy separada desde hace 11 años. Tenemos una relación súper linda.

—¿Felipe no te dice: “Ay, mamá, rescatate…”?

—No. Felipe empezó a entender ahora, que cumplió seis años, que es el hijo de Flor Peña. Y lo está usufructuando de manera maravillosa. Es como Juan cuando era chiquito: “¿Sabés el hijo de quién soy yo? De Flor Peña”, decía. Invitaba al teatro a la directora y las maestras de la escuela para comprarlas y que le pusieran buenas notas. Entonces siempre me hacía una lista y me decía: “Mamá…”. En todas las obras que he hecho, tenía maestras de Juan. Felipe va en ese camino.

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—¿Y cómo viven tus hijos cuando su mamá es atacada por sus opiniones políticas, cuándo pasa lo que pasa con el video, cuándo se habla de su vida privada?

—¿Sabés que lo viven relajadamente? Mucho más relajado que yo. Soy una escorpiana con carácter fuerte y tengo muy en claro qué es lo que me enoja. Y también tengo un tema con la justicia. Me hubiera gustado ser abogada, pero no podía con las dos cosas. No me enoja que opinen de mí sobre algo que yo hice. En eso no me entra una bala porque yo no le hago mal a nadie siendo como soy, ni a mis hijos, ni a mi familia. Con lo cual, lo que opinen los demás… Lo que me duele es la mentira: cuando me operan, cuando mienten sobre mí. Las fake news. Eso sí duele en la familia. Y en general, eso tuvo que ver con la política.

—Entrevisté a Nancy Duplaá hace muy poquito y me decía: “¿Cómo puedo salir a explicar que yo nunca cobré de Cristina? ¿Cómo le respondés a infinidad de trolls en las redes? Si tenés algo para decir, llevalo a la Justicia”.

—Exactamente. Nanchu también se ha bancado un montón de cosas por pronunciarse. Todo esto nos pasó por decir lo que pensamos: nunca fuimos funcionarias, nunca trabajamos para el Estado. Conmigo han ido un poquito más lejos porque me han inventado cosas, con cifras y con cuestiones que, obviamente, no había nunca pruebas. Me dolieron mucho. Soy una actriz con mis éxitos y mis fracasos, pero siempre me sentí muy querida, artísticamente hablando. El otro día me subí a un ascensor y me agarró una señora: “Yo no pienso como vos, pero te amo como artista”. Y yo la miré. “¡Ay, es por ahí! Porque no tenemos que pensar igual. Pero que vos puedas diferenciar… Te agradezco un montón”, le dije. Y me saqué una foto. Siento que la gente, conmigo ha podido dividir. Si no, no llenaría teatros, no estaría donde estoy, ¿no?

—Nosotras hablamos muchas veces, y pensamos distinto en muchas cosas, pero eso no me tapa para nada la actriz que sos. Y menos se me va a ocurrir insultarte.

—Totalmente. Lo único que a vos te podría enojar de mí es que yo te denoste. Que diga: “Lo que pasa es que vos no existís, no entendés, sos una pelotuda por pensar esto”. Yo siempre hablo “de esto creo yo”, o “a mí me gusta esto”. Obviamente: no tengo la verdad. Esta es mi manera de pensar. Y la voy a decir porque así soy.

—Igual, en algún momento te costó muy caro ponerle el cuerpo.

Me sigue costando, eh. Me la cobran de vez en cuando. En general, cuando me está yendo muy bien…

—¿Ahí aparece?

—Sí.

—Vamos a salir de acá, vamos a jugar.

—¡Vamos a jugar!

—Tenés que elegir tres actores y tres actrices con los que hayas trabajado. Por la razón que sea: porque los querés, porque no los querés, porque han sido unos turros… Necesito tres hombres y tres mujeres que la gente conozca.

—Tengo miles. Voy a ser injusta. El Puma Goity. Fernán Mirás. Y lo voy a elegir a Guille (Francella), porque tengo una relación artística: no somos amigos pero nos queremos mucho trabajando.

—¿Y tres mujeres?

—Nancy, que la amo. Érica (Rivas); yo me llevé muy bien con Érica laburando, nos hemos divertido mucho. Y Malena Ratner, la actriz con la que estoy haciendo Mamma Mia: hace de mi hija y tengo un amor especial por ella porque me hace acordar a cuando yo era adolescente.

—¿A quién de estos seis le pedís que te pague la prepaga, si estás en las malas?

—A Guillermo (risas). Sin dudas.

—¿Alguna vez tuviste que pedir plata prestada a alguien?

—Mil veces, cuando era pendeja. Me fui a vivir sola a los 19. Imaginate. Tuve momentos de malaria graves.

—Pero ya venías de Son de Diez y eras una mega estrella.

—Sí, pero después perdí la fuerza, como Sansón, cuando me operé las tetas (risas). Hubo un momento en que no me llamaban, o me llamaban para hacer cosas que yo no quería. Ahí empecé a producir: hipotecaba mi casa y estaba con lo justo. Soy una kamikaze.

—¿A quién de estos seis preferirías que sea el permitido de Ramiro?

Nanchu.

—¿Y con quién preferís irte de campamento un fin de semana?

—Con Érica, porque tiene algo más autóctono que yo nunca tuve. Yo no sabría ni cómo poner la primera estaca. Cuando estábamos haciendo Casados…,ella vivía en un lugar que no tenía luz, como si fuera un Cabo Polonio (Uruguay). Yo le decía: “Érica, ¿cómo hacés?”. Pero ella estaba felicísima.

—¿Qué tres cosas te llevás si te vas a una experiencia de supervivencia?

—Primero, muchas ganas (risas). No entendés lo que soy yo. Si querés matarme en vida, haceme eso.

—¿Nunca te fuiste de campamento?

—Cuando era muy chica, obligada. A lavar los platos con barro. Y yo decía: “¿Con qué necesidad?”. Pero no por bacana, sino porque no es lo mío. Los bichos… No soy bichera.

—Y si aparece un bicho en tu casa, ¿qué hacemos?

—¡No! Gritando, lo llamo a Ramiro. Tenemos como premisa no matar insectos. Somos un poco metafísicos en eso. Es tipo: “Está fuera de su hábitat, fuera de acá”. Si ya sigue rompiendo los huevos, lo sacamos. Pero no lo matamos. Y si hay que matar algo, sin agonía…. ¡Te juro! No puede quedar la cucaracha medio tolola. No, no… ¡Tac! Que no sufra. Haceme caso a lo que te digo. Te vas a sentir mejor persona. Es ¡tac!, y que ahí quede, seca.

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—Te voy a dar cartas con consignas. Tenés un comodín que vas a poder usar una sola vez.

—¡Ay, qué pesada! Me hacés trabajar…

—Elegí una… “Si pudieras intercambiar tu cuerpo y vida con otra persona por un día, ¿quién serías?”.

—Qué difícil esa pregunta… Mi marido.

—¿Por qué?

—Porque mide 1,95, y siempre pensé que la vida debe ser muy diferente desde esa altura. En este momento de mi vida mido 1,59, porque me achiqué, según mi última densitometría: estoy 2 centímetros abajo. No puedo perder un centímetro más… Eso ya está claro. Voy a empezar a hacer pilates para que alguien me estire. Además, en algún momento me gustaría tener un poco de bolas. Yo sé que tengo unos buenos ovarios. Me gustaría entrar en el cuerpo de un hombre.

—¿Cuántos años llevan con Ramiro?

—11 años.

—¿Hoy están en modo pareja exclusiva?

—Estamos tranquilos, te podría decir. En estos años fuimos pasando por muchas etapas: viviendo lejos, no viviendo lejos, un hijo…

—¿El sexo también es un trabajo?

—¡Obvio! Es un relaburo. Si bien yo soy una mina recontra mil sexual, y él es un tipo resexual, a lo largo de la vida el sexo se va poniendo en distintos lugares. Hoy, priorizo otras cosas.

—¿A veces da fiaca arrancar?

—Si estás muy cansado, sí. ¿Pero sabés que me di cuenta de algo? A veces hay que sobrepasar el cansancio. Cuando decís: “Hummm, qué fiaca, ¿vemos una serie?”. No. No te digo siempre, pero en un momento decís: “No, no, pará, pará… Me voy a sobreponer al cansancio”.

—¿Cuánto puede ser el tiempo máximo que hoy toleres decir: “Acá no pasa nada”?

—Nueve días. Diez. Soy escorpiana, y a los ocho días yo ya digo: “Algo pasa”, y ya empiezo a hablar: “¿Estamos bien?” (Risas). “Florencia, estamos con un montón de cosas”. “Sí, tenés razón, tenés razón…”. Pero también él ya cumplió 50, yo estoy por cumplir 50, entonces los dos nos miramos y decimos: “Está bien, ya estamos más grandes, ya el sexo no es como hace cuatro, cinco, seis años que era tipo pinpinpin”. Ahora estamos más tranquilos.

—Pero a vos te imagino en tacos, montadísima, hecha una bomba.

—Bueno, yo juego. El otro día le digo: “¿Hace cuánto no jugamos?”. “Un montón. Igual, tranqui porque ya…”. Creyó que lo obligaba, ¿viste? Yo le digo: “Dale, juguemos”. “Uh”, me dice, pero no por fiaca: era como que quería ir directo. Y yo: “No… Juguemos”.

—¿Jugar, incluye disfraces?

—Obvio. Pero ahora, que yo aparezca de enfermera nos da un poco cringe, diría mi hijo Juan (risas). Estoy grande.

—¿Te volviste a filmar?

—No. Pero no porque “Ay, estuve mal”, porque yo siempre dije: “Loco, los que estuvieron mal fueron los que me hackearon”. Pero también me da un toque cringe. No sé si tengo ganas de verme así. No sé, no sé. ¡Ay, siento que me estás tirando el tarot!

Florencia Peña: «Cuando me operé las tetas perdí la fuerza, como Sansón. Hubo un momento en que no me llamaban» (Maximiliano Luna)

—Otra carta. Dicen que toda persona mayor de 13 años hizo alguna vez algo fuera de la ley. ¿Cuál fue tu caso?

—La velocidad. En una época tuve una especie de adicción a la velocidad. Me duró poquito porque después mi terapeuta me la arrancó de cuajo.

—¿Peligrosa?

—Sí, sí, sí… Me gusta mucho: mis amigos me dicen Marquitos Di Palma. Creo que uno maneja como vive, y vive como maneja. Y yo… Te paso finito. Una vez volqué, me lastimé, y el auto se hizo destrucción total. A partir de ahí dije: “No, pará, esto fue un aviso”. La saqué rebarata. Fue un aviso grande porque yo me compraba todos autos bajitos, GTI Turbo, cosa de meter primera y ya estar en la esquina. Después empecé a comprarme autos diésel para ir un poquito más lento.

—Otra carta: “¿A qué famoso local, no te me vayas a Hollywood, sumarías a una noche apasionada con tu pareja?”.

—Dejame pensar… Zafo con el comodín, porque se me ocurrieron muchos nombres (risas).

—Sacá otra carta, entonces. “La peor cita de tu vida”.

—Tuve varias malas, eh. Se sufre hasta encontrar (risas). Tuve una con un chico que me encantaba. Pero no arrancaba, no arrancaba… Y no arrancó. Y yo ya no sabía qué hacer. Primero me deprimí, porque dije: “Soy yo”.

—Lo estabas dando todo.

—Siempre lo doy todo. Y vamos para un lado, y vamos para el otro… En un momento me encontré adentro de una bañera: “¿Qué estoy haciendo acá?”, dije. Pero bueno, él me gustaba mucho, le puse mucha garra, y llegó un momento que dije “no”.

—¿Ya habían salido varias veces?

—Sí. Yo era jovencita, veintipico, y me hacía la que “en la primera cita, no; quiero conocerte”. Me tenía que volar la cabeza y qué sé yo. Y la verdad que él me encantaba: era divertido, inteligente, teníamos lindas conversaciones. Dije: “Huy, no lo suelto más”. Y no, no, no. Me ha pasado a mí, eh, que el primer día… Porque está bien, yo siempre pienso: “Bueno, pará, estoy yo”.

—”Se intimida con todo esto que soy”.

—Claro. En una de las primeras veces con Ramiro, yo arranqué cual Pantera de Mataderos, y él me mira y me dice: “Huy, la exuberancia viene hacia mí”. Y ahí no pudimos seguir, obviamente. Fue una de las primeras citas. Me quedó eso. Se ve que yo no me di cuenta y ahí pensé retroactivamente: “Esto me debe haber pasado con otros, que deben haber dicho ‘Huy, ¿qué se hace con todo esto?’”. Generaba la cosa opuesta a lo quería generar. Siempre fui una mina de mucha actitud, yo le pongo intensidad a todo. Dije: “Será la actitud lo que lo está matando”. Pero ya a la cuarta vez, le dije: “No, ya está. Te adoro, pero tengo 23 años. Esto, no”.

—No saliste con otra excusa; fuiste clara.

—Le fui rehonesta. Y no pudo ser. Fue bravo porque le había puesto fichas. Me gustaba.

Flor Peña «En una de las primeras veces con Ramiro, yo arranqué cual Pantera de Mataderos, y él me mira y me dice: ‘Huy, la exuberancia viene hacia mí’» (Maximiliano Luna)

—¿Te rompieron mucho el corazón?

—Sí, un montón. Lloré mucho por amor. También rompí corazones. Pero en el amor, uno es víctima y victimario. Dejar a alguien nunca fue fácil para mí porque tengo una empatía muy grande por el sufrimiento ajeno.

—Estamos viviendo un momento difícil.

—Sí.

—¿Qué te genera?

—Estoy un poco triste por la deshumanización que estoy sintiendo. Y no tiene que ver con un color político: no estamos pensando la vida colectivamente, sino individualmente. Soy de las que creen que uno no puede pasar por la vida sin tender una mano, sin mirar al otro.

—Al salir del teatro, encontrás familias viviendo en la calle.

—Sí.

—Que no están desde hace una semana. Esto viene de muchísimos años.

—Sí, sí. Esto viene con un arrastre.

—¿Y qué te pasa con eso? Porque nos cuesta un montón mirar, y creo que es porque nos duele.

—Pero claro. Hay un punto en donde, para seguir avanzando, tenés que fingir demencia aunque no quieras. ¿Qué quiero decir con esto? Afecta tanto ver… No puedo ni imaginar que mi hijo esté descalzo en la calle, muerto de frío, sin nada para comer.

—En la Argentina, un 60% de los chicos está por debajo de la línea de pobreza.

—Eso es inadmisible en un país como el nuestro, agrícola y ganadero. Soy de las que creen que el Estado tiene que estar presente y regulando. Es la ayuda al que no ha tenido oportunidades, al que menos tiene. No podés no atender un comedor con pibes. Estoy muy en contacto con mucha gente muy necesitada, dando una mano, y tengo muy clara cuál es la realidad. No vivo en una burbuja, y sé las carencias que hay. El Estado tiene que estar presente. Después, estoy absolutamente de acuerdo que la discusión sea si lo podemos hacer funcionar mejor. Pero el Estado no puede ausentarse y dejar que el mercado regule porque adentro de un país, hay personas. No somos números. No somos una planilla de Excel.

Florencia Peña con Tatiana Schapiro en Infobae (Maximiliano Luna)

—¿Hay algo bueno que le hayas encontrado a Milei desde que arrancó?

—Mirá, te lo voy a poner en estos términos: yo no estoy enamorada de nada. A mí me enamora una idea y un proyecto, no importa de la mano de quién venga. Me acerqué al peronismo porque sentí que ahí había algo que me hacía sentir cómoda. Con las críticas que yo le puedo hacer, porque nada en la vida es absoluto: ni nada es genial, ni nada es malísimo.

—¿Le podés hacer críticas al peronismo?

—Pero claro. ¿Cómo no le voy a hacer críticas? Totalmente. Por ahora, nada me enamoró. Y me hubiera encantado. Necesitamos hombres y mujeres que traigan ideas porque creo en la política como una herramienta de transformación. Quiero a la política, me gusta la política. Soy una mina que lee, que le gusta discutir de política.

—¿Y por qué nunca fuiste candidata?

—Porque decidí quedarme siendo actriz. Porque cuando en un momento me puse muy por delante con mis ideas y con lo que yo pensaba, la pasé muy mal. Sentí que no iba a poder compatibilizar. Soy mujer, soy popular: no van de la mano. Siempre me la cobran. Me la siguen cobrando hoy. Soy una mina respetuosa; con lo que pasó con Guille (Francella), incluso. Me encanta hablar con Guille de política porque no pensamos para nada parecido, pero ¿cómo no le voy a respetar su idea? Mi vida artística está atravesada por un montón de gente que no piensa como yo, con la que laburo maravillosamente. Necesitamos encontrar puntos de encuentro en el disenso. Muchos de nosotros podemos no pensar como Guille y no está mal decirlo. Ahora, esta especie de carnicería… Porque yo la sentí al revés también, cientos de veces: “¿Qué opinas de lo que dijo Florencia Peña?”. Se instala el tema cuando el tema no es Guillermo: no es un funcionario público, no le va a cambiar la vida a nadie con sus opiniones. Nosotros tenemos que apuntar a ver qué está pasando con la cultura, con los que sí toman decisiones que nos pueden afectar. Y en este momento estamos muy preocupados por eso.

—Bueno, cerró el INCAA.

—Mientras estábamos discutiendo si Guillermo sí, si Guillermo no, si Dolo (Fonzi) sí, si Dolo no, si Lamothe sí, si Lamothe no… cerró el INCAA. Mientras nos pusieron a discutir, estaba pasando lo que no queríamos que pase. Eso no significa que el INCAA no pueda funcionar mejor, o decir: “Vamos a ver cuáles son las películas a las que les vamos a dar los subsidios”. En eso, estoy absolutamente de acuerdo. Pero se están pateando tableros muy peligrosos. Y la desfinanciación es el primer paso para que después algo desaparezca. Y no lo digo solamente con la cultura… Estamos discutiendo la educación pública.

—Esté el gobierno que esté, ¿le deseás que le vaya bien?

—¿Pero cómo le voy a desear que le vaya mal?

—Bueno, hay gente que quiere que se termine…

—No, yo quiero que le vaya bien. Lo que pasa es que cuando veo recetas repetidas, o gente realmente pasándola muy mal, digo: “¿Será este el camino?”. Mis palabras siempre son utilizadas para venir en mi contra y para generar que los demás vuelquen su odio. Yo no soy funcionaria pública, nunca lo fui. Yo no tomo las decisiones de mi país. Yo soy una actriz que entiende y que, creo, tengo la obligación de elevar mi voz y de tratar de tender una mano. Porque no puedo hacerme la boluda con eso. Pero no quiero ser utilizada. No quiero que me utilicen para distraer. No quiero que después de esta nota, donde yo te estoy diciendo: “Creo que no es el camino”, me utilicen. Ya me utilizaron un montón. Y no vuelquen su odio sobre nosotros porque nosotros no somos el problema. El problema es que quienes toman las decisiones, tienen que tomarlas pensando en que los números tienen que cerrar con la gente adentro. Argentina no es una empresa en la que vos podés echar gente.

Fuente: Infobae

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